Cuentos, poemas y reflexiones con alma

Gautama

 Rabindranat Tagore
Ya el sol se había puesto entre el enredo del bosque sobre los ríos.
Los niños de la ermita habían vuelto con el ganado y estaban sentados al fuego, oyendo a su maestro Gautama, cuando llegó un niño desconocido y lo saludó con flores y frutos. Luego, tras una profunda reverencia, le dijo con voz de pájaro:
“Señor Gautama, vengo a que me guíes por el Sendero de la Verdad.
Me llamo Satyakama”
“Bendito seas -dijo el Maestro- ¿Y de qué casta eres, hijo mío? Porque sólo un brahmín puede aspirar a la suprema sabiduría”.
Contestó el niño:
“No sé de qué casta soy, Maestro; pero voy a preguntárselo a mi madre”.
Se despidió Satyakama, cruzó el río por lo más estrecho, y volvió a la choza de su madre, que estaba al fin de un arenal, fuera de la aldea ya dormida.
La lámpara iluminaba débilmente la puerta, y la madre estaba fuera, de pie en la sombra, esperando la vuelta de su hijo.
Lo cogió contra su pecho, lo besó en la cabeza y le preguntó qué le había dicho el Maestro.
“¿Cómo se llama mi padre? -dijo el niño- Porque me ha dicho el Señor Gautama que sólo un brahmín puede aspirar a la suprema sabiduría”.
La mujer bajó los ojos y le habló dulcemente: “Cuando joven yo era pobre y conocí muchos amos. Sólo puedo decirte que tú viniste a los brazos de tu madre Jabala, que no tuvo marido”.
Los primeros rayos del sol ardían en la copa de los árboles de la ermita del bosque. Los niños, aún mojado el revuelto pelo del baño de la mañana, estaban sentados ante su Maestro, bajo un árbol viejo.
Llegó Satyakan, le hizo una profunda reverencia al Maestro y se quedó de pie en silencio.
“Dime -le preguntó el Maestro- ¿Sabes ya de qué casta eres?”
“Señor -contestó Satyakama-, no sé. Mi madre me dijo: Yo conocí muchos amos cuando joven, y tú viniste a los brazos de tu madre Jabala, que no tuvo marido”.
Entonces se levantó un rumor como el zumbido iracundo de las abejas hostigadas en su colmena. Y los estudiantes murmuraban entre dientes de la desvergonzada insolencia del niño sin padre.
Pero el Maestro Gautama se levantó, trajo al niño con sus brazos hasta su pecho, y le dijo:
“Tú eres el mejor de todos los brahmines, hijo mío; porque tienes la herencia más noble, que es de la verdad”.

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Un Niño

 Helen Buckley


“Una vez el pequeño niño fue a la escuela. Era muy pequeñito y la escuela muy grande. Pero cuando el pequeño niño descubrió que podía ir a su clase con sólo entrar por la puerta del frente, se sintió feliz.
Una mañana, estando el pequeño niño en la escuela, su maestra dijo: Hoy vamos a hacer un dibujo. Qué bueno- pensó el niño, a él le gustaba mucho dibujar, él podía hacer muchas cosas: leones y tigres, gallinas y vacas, trenes y botes. Sacó su caja de colores y comenzó a dibujar.
Pero la maestra dijo: – Esperen, no es hora de empezar, y ella esperó a que todos estuvieran preparados. Ahora, dijo la maestra, vamos a dibujar flores. ¡Qué bueno! – pensó el niño, – me gusta mucho dibujar flores, y empezó a dibujar preciosas flores con sus colores.
Pero la maestra dijo: – Esperen, yo les enseñaré cómo, y dibujó una flor roja con un tallo verde. El pequeño miró la flor de la maestra y después miró la suya, a él le gustaba más su flor que la de la maestra, pero no dijo nada y comenzó a dibujar una flor roja con un tallo verde igual a la de su maestra.
Otro día cuando el pequeño niño entraba a su clase, la maestra dijo: Hoy vamos a hacer algo con barro. ¡Qué bueno! pensó el niño, me gusta mucho el barro. Él podía hacer muchas cosas con el barro: serpientes y elefantes, ratones y muñecos, camiones y carros y comenzó a estirar su bola de barro.
Pero la maestra dijo: – Esperen, no es hora de comenzar y luego esperó a que todos estuvieran preparados. Ahora, dijo la maestra, vamos a moldear un plato. ¡Qué bueno! pensó el niño. A mí me gusta mucho hacer platos y comenzó a construir platos de distintas formas y tamaños.
Pero la maestra dijo: -Esperen, yo les enseñaré cómo y ella les enseñó a todos cómo hacer un profundo plato. -Aquí tienen, dijo la maestra, ahora pueden comenzar. El pequeño niño miró el plato de la maestra y después miró el suyo. A él le gustaba más su plato, pero no dijo nada y comenzó a hacer uno igual al de su maestra.
Y muy pronto el pequeño niño aprendió a esperar y mirar, a hacer cosas iguales a las de su maestra y dejó de hacer cosas que surgían de sus propias ideas.
Ocurrió que un día, su familia, se mudó a otra casa y el pequeño comenzó a ir a otra escuela. En su primer día de clase, la maestra dijo: Hoy vamos a hacer un dibujo. Qué bueno pensó el pequeño niño y esperó que la maestra le dijera qué hacer.
Pero la maestra no dijo nada, sólo caminaba dentro del salón. Cuando llegó hasta el pequeño niño ella dijo: ¿No quieres empezar tu dibujo? Sí, dijo el pequeño ¿qué vamos a hacer? No sé hasta que tú no lo hagas, dijo la maestra. ¿Y cómo lo hago? – preguntó. Como tú quieras contestó. ¿Y de cualquier color? De cualquier color dijo la maestra. Si todos hacemos el mismo dibujo y usamos los mismos colores, ¿cómo voy a saber cuál es cuál y quién lo hizo? Yo no sé, dijo el pequeño niño, y comenzó a dibujar una flor roja con el tallo verde.”

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Cuento para pensar

 Jorge Bucay

En un oasis escondido entre los más lejanos paisajes del desierto, se encontraba el viejo Eliahu de rodillas, a un costado de algunas palmeras datileras.
Su vecino Hakim, el acaudalado mercader, se detuvo en el oasis a abrevar sus camellos y vio a Eliahu transpirando, mientras parecía cavar en la arena.
– ¿Que tal anciano? La paz sea contigo.
– Contigo -contestó Eliahu sin dejar su tarea.
– ¿Qué haces aquí, con esta temperatura, y esa pala en las manos?
– Siembro -contestó el viejo.
– Qué siembras aquí, Eliahu?
– Dátiles -respondió Eliahu mientras señalaba a su alrededor el palmar.
-¡Dátiles!! -repitió el recién llegado, y cerró los ojos como quien escucha la mayor estupidez.
-El calor te ha dañado el cerebro, querido amigo. Ven, deja esa tarea y vamos a la tienda a beber una copa de licor.
– No, debo terminar la siembra. Luego si quieres, beberemos…
– Dime, amigo: ¿cuántos años tienes?
– No sé… sesenta, setenta, ochenta, no sé… lo he olvidado… pero eso, ¿qué importa?
– Mira, amigo, los datileros tardan más de cincuenta años en crecer y recién después de ser palmeras adultas están en condiciones de dar frutos.
Yo no estoy deseándote el mal y lo sabes, ojala vivas hasta los ciento un años, pero tú sabes que difícilmente puedas llegar a cosechar algo de lo que hoy siembras. Deja eso y ven conmigo.
-Mira, Hakim, yo comí los dátiles que otro sembró, otro que tampoco soñó con probar esos dátiles. Yo siembro hoy, para que otros puedan comer mañana los dátiles que hoy planto… y aunque solo fuera en honor de aquel desconocido, vale la pena terminar mi tarea.
– Me has dado una gran lección, Eliahu, déjame que te pague con una bolsa de monedas esta enseñanza que hoy me diste – y diciendo esto, Hakim le puso en la mano al viejo una bolsa de cuero.
– Te agradezco tus monedas, amigo. Ya ves, a veces pasa esto: tú me pronosticabas que no llegaría a cosechar lo que sembrara. Parecía cierto y sin embargo, mira, todavía no termino de sembrar y ya coseché una bolsa de monedas y la gratitud de un amigo.
– Tu sabiduría me asombra, anciano. Esta es la segunda gran lección que me das hoy y es quizás más importante que la primera. Déjame pues que pague también esta lección con otra bolsa de monedas.
-Y a veces pasa esto -siguió el anciano y extendió la mano mirando las dos bolsas de monedas-: sembré para no cosechar y antes de terminar de sembrar ya coseché no solo una, sino dos veces.
-Ya basta, viejo, no sigas hablando. Si sigues enseñándome cosas tengo miedo de que no me alcance toda mi fortuna para pagarte…

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La fuerza del deseo

(Descubriendo lo mejor de uno mismo, Paulo Coelho)


El yoga Ramakrishna ilustra, mediante una parábola, la intensidad del deseo que debemos tener:
El maestro llevó al discípulo a las proximidades de un lago.
Hoy voy a enseñarte qué significa verdadera devoción – dijo.
Le pidió al discípulo que entrase con él en el lago y, sujetándole la cabeza, se la empujó bajo el agua.
Transcurrió todo un minuto y, a mitad del segundo, el muchacho comenzó a debatirse con todas sus fuerzas para librarse de la mano del maestro y poder volver a la superficie.
Al final del segundo minuto, el maestro lo soltó. El muchacho, con el corazón acelerado, consiguió erguirse, jadeante.
¡Usted ha querido matarme! – gritaba.
El maestro esperó a que se calmara, y dijo:
– Si hubiera querido matarte, lo habría hecho. Sólo quería preguntarte qué sentías mientras estabas bajo el agua.
– ¡Yo sentía que me moría! ¡Todo lo que deseaba en esta vida era respirar un poco de aire! 
– Se trata de eso exactamente. La verdadera devoción sólo aparece cuando tenemos un único deseo y llegaremos a morir si no conseguimos realizarlo.

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El Sabio

 Un sabio, cierta tarde, llegó a la ciudad de Akbar. La gente no dio mucha importancia a su presencia, y sus enseñanzas no consiguieron interesar a la población. Incluso después de algún tiempo llegó a ser motivo de risas y burlas de los habitantes de la ciudad. 

Un día, mientras paseaba por la calle principal de Akbar, un grupo de hombres y mujeres empezó a insultarlo. En vez de fingir que los ignoraba, el sabio se acercó a ellos y los bendijo.

Uno de los hombres comentó:

– “¿Es posible que, además, sea usted sordo? ¡Gritamos cosas horribles y usted nos responde con bellas palabras!”. 

“Cada uno de nosotros sólo puede ofrecer lo que tiene” -fue la respuesta del sabio-.

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El pescador

En cierta ocasión iba un ejecutivo paseando por una bonita playa vestido con sus bermudas (de marca), sus gafas de sol (también con marca muy visible), su polo (con mucha marca), su gorra (con marca destacada), su reloj (de marca y carísimo), su calzado deportivo (donde todo era marca), su móvil colgado de la cintura (el móvil con marca y la bolsa en la que colgaba, también) y su gomina en el pelo ( sin marca, pero tan abundante que uno podía adivinarla).
Eran las dos del mediodía cuando se encontró con un pescador que felizmente recogía sus redes llenas de pescado y amarraba su pequeña barca. El ejecutivo se le acercó…
– ¡Ejem! Perdone, pero le he visto llegar con el barco y descargar el pescado… ¿No es muy temprano para volver de faenar?
El pescador le miró de reojo y, sonriendo mientras recogía sus redes, le dijo:
– ¿Temprano? ¿Por qué lo dices? De hecho yo ya he terminado mi jornada de trabajo y he pescado lo que necesito.
– ¿Ya ha terminado hoy de trabajar? ¿A las dos de la tarde? ¿Cómo es eso posible? – dijo incrédulo, el ejecutivo.
El pescador, sorprendido por la pregunta, le respondió:
-Mire, yo me levanto por la mañana a eso de las nueve, desayuno con mi mujer y mis hijos, luego les acompaño al colegio, y a eso de las diez me subo a mi barca, salgo a pescar, faeno durante cuatro horas y a las dos estoy de vuelta. Con lo que obtengo en esas cuatro horas tengo suficiente para que vivamos mi familia y yo, sin holguras, pero felizmente. Luego voy a casa, como tranquilamente, hago la siesta, voy a recoger a los niños al colegio con mi mujer, paseamos y conversamos con los amigos, volvemos a casa, cenamos y nos metemos en la cama, felices.
El ejecutivo intervino llevado por una irrefrenable necesidad de hacer de consultor del pescador:
– Verá, si me lo permite, le diré que está usted cometiendo una grave error en la gestión de su negocio y que el “coste de oportunidad” que está pagando es, sin duda, excesivamente alto; está usted renunciando a un pay-back impresionante. ¡Su BAIT podría ser mucho mayor! Y su “umbral de máxima competencia” seguro que está muy lejos de ser alcanzado.
El pescador se lo miraba con cara de circunstancias, mostrando una sonrisa socarrona y sin entender exactamente adónde quería llegar aquel hombre de treinta y pico años ni por qué de repente utilizaba palabras que no había oído en su vida. Y el ejecutivo siguió:
– Podría sacar muchísimo más rendimiento de su barco si trabajara más horas, por ejemplo, de ocho de la mañana a diez de la noche.
El pescador entonces se encogió de hombros y le dijo:
– Y eso, ¿para qué?
– ¡¿Cómo que para qué?! ¡Obtendría por lo menos el triple de pescado! ¡¿O es que no ha oído hablar de las economías de escala, del rendimiento marginal creciente, de las curvas de productividad ascendentes?! En fin, quiero decir que con los ingresos obtenidos por tal cantidad de pescado, pronto, en menos de un año, podría comprar otro barco mucho más grande y contratar un patrón…
El pescador volvió a intervenir:
– ¿Otro barco? ¿Y para qué quiero otro barco y además un patrón?
– ¿Que para qué lo quiere? ¡¿No lo ve?! ¿No se da cuenta de que con la suma de los dos barcos y doce horas de pesca por barco podría comprar otros dos barcos más en un plazo de tiempo relativamente corto? ¡Quizá dentro de dos años ya tendría cuatro barcos, mucho más pescado cada día y mucho más dinero obtenido en las ventas de su pesca diaria!
Y el pescador volvió a preguntar:
– Pero todo eso, ¿para qué?
– ¡Hombre! ¡¿Pero está ciego o qué?! Porque entonces, en el plazo de unos veinte años y reinvirtiendo todo lo obtenido, tendría una flota de unos ochenta barcos, repito, ¡ochenta barcos! ¡Qué además serían diez veces más grandes que la barcucha que tiene actualmente!
Y de nuevo, riendo a carcajadas, el pescador volvió:
– ¿Y para qué quiero yo todo eso?
Y el ejecutivo, desconcertado por la pregunta y gesticulando exageradamente, le dijo:
– ¡Cómo se nota que usted no tiene visión empresarial ni estratégica ni nada de nada! ¿No se da cuenta de que con todos esos barcos tendría suficiente patrimonio y tranquilidad económica como para levantarse tranquilamente por la mañana a eso de las nueve, desayunar con su mujer e hijos, llevarlos al colegio, salir a pescar por placer a eso de las diez y sólo durante cuatro horas, volver a comer a casa, hacer la siesta,…?
El pescador respondió:
– ¿Y eso no es todo lo que tengo ahora?

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Maestra, ¿qué es el amor?

Uno de los niños de una clase de educación infantil preguntó:
Maestra… ¿qué es el amor?
La maestra sintió que la criatura merecía una respuesta que estuviese a la altura de la pregunta inteligente que había formulado. Como ya estaban en la hora del recreo, pidió a sus alumnos que dieran una vuelta por el patio de la escuela y trajeran cosas que invitaran a amar o que despertaran en ellos ese sentimiento. Los pequeños salieron apresurados y, cuando volvieron, la maestra les dijo:

Quiero que cada uno muestre lo que ha encontrado.
El primer alumno respondió:

– Yo traje esta flor… ¿no es bonita?

A continuación, otro alumno dijo:

– Yo traje este pichón de pajarito que encontré en un nido… ¿no es gracioso?

Y así los chicos, uno a uno, fueron mostrando a los demás lo que habían recogido en el patio.

Cuando terminaron, la maestra advirtió que una de las niñas no había traído nada y que había permanecido en silencio mientras sus compañeros hablaban. Se sentía avergonzada por no tener nada que enseñar.

La maestra se dirigió a ella:

Muy bien, ¿y tú?, ¿no has encontrado nada que puedas amar?
La criatura, tímidamente, respondió:

– Lo siento, seño. Vi la flor y sentí su perfume, pensé en arrancarla pero preferí dejarla para que exhalase su aroma durante más tiempo. Vi también mariposas suaves, llenas de color, pero parecían tan felices que no intenté coger ninguna. Vi también al pichoncito en su nido, pero…, al subir al árbol, noté la mirada triste de su madre y preferí dejarlo allí…

Así que traigo conmigo el perfume de la flor, la libertad de las mariposas y la gratitud que observé en los ojos de la madre del pajarito. ¿Cómo puedo enseñaros lo que he traído?

La maestra le dio las gracias a la alumna y emocionada le dijo que había sido la única en advertir que lo que amamos no es un trofeo y que al amor lo llevamos en el corazón.

El amor es algo que se siente.

Hay que tener sensibilidad para vivirlo.

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¿Zanahoria, huevo o café?


Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida y lo difíciles que le resultaban las cosas. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro. 
Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra. 
La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente, coló el café y lo puso en un tercer recipiente. Mirando a su hija le dijo: 
– “Querida, ¿qué ves?” 
-“Zanahorias, huevos y café” fue su respuesta. 
La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma. Humildemente la hija preguntó: 
“¿Qué significa ésto, padre?” 
El le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café sin embargo eran únicos; después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua. 
“- ¿Cuál eres tú?”, le preguntó a su hija. “Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza? ¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? ¿Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, o un despido te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido? 
¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor tú reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren. 

Y tú, ¿cual de los tres eres? 
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El Ángel


Cuenta la antigua leyenda que un niño que estaba por nacer le dijo a Dios: 

-Dicen que me vas a enviar mañana a la tierra pero ¿cómo viviré tan pequeño e indefenso como soy? 
-Entre muchos ángeles te escogí uno para ti, que te está esperando, él te cuidará. 
-Pero dime, aquí en el cielo no hago más que cantar y sonreír, eso basta para ser feliz. Y ¿cómo entender lo que la gente me hable, si no conozco el extraño idioma en que hablan los hombres? 
-Tu Ángel te dirá las palabras más dulces y más tiernas que puedas escuchar y con mucha paciencia y cariño te enseñará a hablar. 
-Y ¿qué haré cuando quiera hablar contigo? 
-Tu Ángel te juntará las manitas y te enseñará a orar. 
-He oído que en la tierra hay hombres malos ¿Quién me defenderá? 
-Tu Ángel te defenderá aún a costa de su propia vida. 
-Pero estaré siempre triste porque no te veré más Señor. 
-Tu Ángel te hablará de mí y te enseñará el camino para que regreses a mi presencia, aunque yo siempre estaré a tu lado. 

En ese instante una paz reinaba en el cielo, pero se oían voces terrestres y el niño presuroso repetía suavemente. 

Dios mío, si ya me voy dime su nombre. ¿Cómo se llama mi ángel? 
-Su nombre no importa; tú le dirás MAMÁ..
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Cómo se abrió el sendero


En el Jornalinho, de Portugal, encuentro una historia que nos enseña mucho respecto a aquello que escogemos sin pensar: 

Un día, un becerro tuvo que atravesar un bosque virgen para volver a su pastura. Siendo animal irracional, abrió un sendero tortuoso, lleno de curvas, subiendo y bajando colinas. 
Al día siguiente, un perro que pasaba por allí usó ese mismo sendero para atravesar el bosque. Después fue el turno de un carnero, lider de un rebaño, que, viendo el espacio ya abierto, hizo a sus compañeros seguir por allí. 
Más tarde, los hombres comenzaron a usar ese sendero: entraban y salían, giraban a la derecha, a la izquierda, descendían, se desviaban de obstáculos, quejándose y maldiciendo, con toda razón. Pero no hacían nada para crear una nueva alternativa. 
Después de tanto uso, el sendero acabó convertido en un amplio camino donde los pobres animales se cansaban bajo pesadas cargas, obligados a recorrer en tres horas una distancia que podría haber sido vencida en treinta minutos, si no hubieran seguido la vía abierta por el becerro. 
Pasaron muchos años y el camino se convirtió en la calle principal de un poblado y, posteriormente, en la avenida principal de una ciudad. Todos se quejaban del tránsito, porque el trayecto era el peor posible. 

Mientras tanto, el viejo y sabio bosque se reía, al ver que los hombres tienen la tendencia a seguir como ciegos el camino que ya está abierto, sin preguntarse nunca si aquélla es la mejor elección. 

(Autor: Paulo Coelho) 
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LA PARÁBOLA DEL MATRIMONIO

Cuenta una vieja leyenda de los indios Sioux que una vez llegaron hasta la tienda del viejo brujo de la tribu, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Alta la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu. 
– Nos amamos – empezó el joven. 
– Y nos vamos a casar – dijo ella. 
– Y nos queremos tanto que tenemos miedo. Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán. Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos. Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú el día de la muerte. 
– Por favor – repitieron – ¿hay algo que podamos hacer? 

El viejo los miró y se emocionó de verlos tan jóvenes, tan enamorados, tan anhelantes esperando su palabra. 
– Hay algo…- dijo el viejo después de una larga pausa -. Pero no sé…es una tarea muy difícil y sacrificada. 
– No importa – dijeron los dos-. Lo que sea – ratificó Toro Bravo. 
– Bien -dijo el brujo-. Nube Alta, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos, y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna llena. ¿Comprendiste? 
La joven asintió en silencio. 
– Y tú, Toro Bravo – siguió el brujo – deberás escalar la Montaña del Trueno; cuando llegues a la cima, encontrarás la más brava de todas las águilas y, solamente con tus manos y una red, deberás atraparla sin heridas y traerla ante mi, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta…¡salgan ahora!. 

Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur…. El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas. 
El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas. Los jóvenes lo hicieron y expusieron ante la aprobación del viejo las aves cazadas. Eran verdaderamente hermosos ejemplares, sin duda lo mejor de su estirpe. 

– ¿Volaban alto?- preguntó el brujo. 
– Sí, sin duda. Como lo pediste… ¿y ahora? – preguntó el joven- ¿los mataremos y beberemos el honor de su sangre? 
– No – dijo el viejo-. 
– Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne – propuso la joven-. 
– No – repitió el viejo-. Harán lo que les digo: Tomen las aves y átenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero… Cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres. 

El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros. El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero solo consiguieron revolcarse en el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre si hasta lastimarse. 
Este es el conjuro… 
-Jamás olviden lo que han visto. Son ustedes como un águila y un halcón; si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse uno al otro. Si quieren que el amor entre ustedes perdure, vuelen juntos pero jamás atados. 
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Las tres rejas

Un joven discípulo de un filósofo sabio llega a casa de éste y le dice: 
-Escucha, maestro. Un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia… 
-¡Espera! –lo interrumpe el filósofo- ¿Ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme? 
-¿Las tres rejas? 
-Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto? 
-No. Lo oí comentar a unos vecinos. 
-Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme ¿es bueno para alguién? 
-No, en realidad, no. Al contrario… 
-¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta? 
-A decir verdad, no. 
-Entonces –dijo el sabio sonriendo- si no es verdadero, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido. 

(De autor desconocido, circulaba por un foro de Internet) 

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Las tres rejas


Un joven discípulo de un filósofo sabio llega a casa de éste y le dice: 
-Escucha, maestro. Un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia… 
-¡Espera! –lo interrumpe el filósofo- ¿Ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme? 
-¿Las tres rejas? 
-Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto? 
-No. Lo oí comentar a unos vecinos. 
-Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme ¿es bueno para alguién? 
-No, en realidad, no. Al contrario… 
-¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta? 
-A decir verdad, no. 
-Entonces –dijo el sabio sonriendo- si no es verdadero, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido. 

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La vasija con rajaduras


Cuenta la leyenda india que un hombre transportaba agua todos los días a su aldea usando dos grandes vasijas, sujetas en las extremidades de un pedazo de madera que colocaba atravesado sobre sus espaldas. 
Una de las vasijas era más vieja que la otra, y tenía pequeñas rajaduras; cada vez que el hombre recorría el camino hasta su casa, la mitad del agua se perdía. 
Durante dos años el hombre hizo el mismo trayecto. La vasija más joven estaba siempre muy orgullosa de su desempeño, y tenía la seguridad de que estaba a la altura de la misión para la cual había sido creada, mientras que la otra se moría de vergüenza por cumplir apenas la mitad de su tarea, aun sabiendo que aquellas rajaduras eran el fruto de mucho tiempo de trabajo. 
Estaba tan avergonzada que un día, mientras el hombre se preparaba para sacar agua del pozo, decidió hablar con él: 
-Quiero pedirte disculpas ya que, debido a mi largo uso, sólo consigues entregar la mitad de mi carga, y saciar la mitad de la sed que espera en tu casa. 
El hombre sonrió y le dijo: 
-Cuando regresemos, por favor observa cuidadosamente el camino. 
Así lo hizo. Y la vasija notó que, por el lado donde ella iba, crecían muchas flores y plantas. 
-¿Ves como la naturaleza es más bella en el lado que tú recorres? –comentó el hombre-. Siempre supe que tú tenías rajaduras, y resolví aprovechar este hecho. Sembré hortalizas, flores y legumbres, y tú las has regado siempre. Ya recogí muchas rosas para adornar mi casa, alimenté a mis hijos con lechuga, col y cebollas. Si tú no fueras como eres, ¿cómo podría haberlo hecho? 


“Todos nosotros, en algún momento, envejecemos y pasamos a tener otras cualidades. Es siempre posible aprovechar cada una de estas nuevas cualidades para obtener un buen resultado”. 

(Autor: Paulo Coelho.) 

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“Las Mil y una noches” (literatura popular árabe) 

“Los dientes del Sultán”


En un país muy lejano, al oriente del gran desierto vivía un viejo Sultán, dueño de una inmensa fortuna. 
El Sultán era un hombre muy temperamental además de supersticioso. Una noche soñó que había perdido todos los dientes. Inmediatamente después de despertar, mandó llamar a uno de los sabios de su corte para pedirle urgentemente que interpretase su sueño. 
– ¡Qué desgracia mi Señor! – exclamó el Sabio – Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad. 
– ¡Qué insolencia! – gritó el Sultán enfurecido – ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí! 
Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos, por ser un pájaro de mal agüero. Más tarde, ordenó que le trajesen a otro Sabio y le contó lo que había soñado. Este, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo: 
– ¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que vuestra merced tendrá una larga vida y sobrevivirá a todos sus parientes. 
Se iluminó el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó que le dieran cien monedas de oro. Cuando éste salía del Palacio, uno de los consejeros reales le dijo admirado: 
– ¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños del Sultán es la misma que la del primer Sabio. No entiendo por qué al primero le castigó con cien azotes, mientras que a vos os premia con cien monedas de oro. 
– Recuerda bien amigo mío –respondió el segundo Sabio– que todo depende de la forma en que se dicen las cosas… La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la enchapamos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura, ciertamente será aceptada con agrado… 
– No olvides mi querido amigo –continuó el sabio– que puedes comunicar una misma verdad de dos formas: la pesimista que sólo recalcará el lado negativo de esa verdad; o la optimista, que sabrá encontrarle siempre el lado positivo a la misma verdad”. 
Dice el libro de los Proverbios: “Las palabras del hombre son aguas profundas, río que corre, pozo de sabiduría… Con sus labios, el necio se mete en líos; con sus palabras precipitadas se busca buenos azotes… Cada uno comerá hasta el cansancio del fruto de sus palabras. La vida y la muerte dependen de la lengua; los que hablan mucho sufrirán las consecuencias”. Prov 18,4.20-21.- Uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse. 
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LOS TRES ÁRBOLES


Había una vez tres árboles pequeños en una colina del bosque. Hablaban acerca de sus sueños y esperanzas para su futuro, y el primero dijo: Algún día seré un cofre de tesoros. Estaré lleno de oro, plata y piedras preciosas. Estaré decorado con labrados artísticos y tallados finos: todos verán y admirarán mi belleza”. 
El segundo árbol dijo: ” Algún día seré una poderosa embarcación. Llevaré los más grandes reyes y reinas a través de los océanos, e iré a todos los rincones del mundo. Todos se sentirán seguros por mi fortaleza y mi poderoso casco.” 
Finalmente el tercer árbol dijo: ” Yo quiero crecer para ser el más recto y grande de todos los árboles del bosque. La gente me verá en la cima de la colina, mirará mis poderosas ramas y pensarán en el Dios de los cielos y cuán cerca estoy de alcanzarlo. Seré el árbol más grande y la gente siempre me recordara”. 
Después de unos años de que los árboles oraban para que sus sueños se convirtieran en realidad, un grupo de leñadores vino donde estaban los árboles. Cuando uno vio al primer árbol dijo: “Este parece un árbol fuerte, creo que podría vender su madera a un carpintero”,y comenzó a cortarlo. El árbol estaba muy feliz debido a que sabía que el carpintero podría convertirlo en un cofre para tesoros. El otro leñador dijo mientras observaba al segundo árbol: ” Parece un árbol fuerte, creo que lo podré vender al carpintero del puerto”. El segundo árbol se puso muy feliz porque sabía que estaba en camino de convertirse en una poderosa embarcación. El último leñador se acercó al tercer árbol; éste estaba muy asustado, pues sabía que si lo cortaban, su sueño nunca se convertiría en realidad. El leñador dijo entonces: “No necesito nada especial del árbol que corte, así que tomaré éste”. Y cortó al tercer árbol. 
Cuando el primer árbol llegó donde el carpintero, fue convertido en un cajón de comida para animales y fue puesto en un pesebre y llenado con paja. Se sintió muy mal pues eso no era por lo que tanto había orado.- El segundo árbol fue cortado y convertido en una pequeña balsa de pesca, ni siquiera lo suficientemente grande para navegar en el mar y fue puesto en un lago. Y vio como sus sueños de ser una gran embarcación cargando reyes habían llegado a su fin.- El tercer árbol fue cortado en largos y pesados tirantes y dejado en la oscuridad de una bodega. 
Años más tarde, los árboles olvidaron sus sueños y esperanzas por las que tanto habían orado. 
Entonces un día, un hombre y una mujer llegaron al pesebre. Ella dio a luz un niño y lo colocó en la paja que había dentro del cajón en que fue transformado el primer árbol. El hombre deseaba haber podido tener una cuna para su bebé, pero este pajar debería serlo. El árbol sintió la importancia de este acontecimiento y supo que había contenido el más grande tesoro de la historia. 
Años más tarde, un grupo de hombres subieron a la balsa en la cual habían convertido al segundo árbol. Uno de ellos estaba cansado y se durmió en la barca. Mientras ellos estaban en el agua, una gran tormenta se desató y el árbol pensó que no sería lo suficientemente fuerte para salvar a los hombres. Los hombres despertaron al que dormía, éste se levantó y dijo “Calma, quédate quieto”, y la tormenta y las olas se detuvieron. En ese momento, el segundo árbol se dio cuenta de que llevaba al Rey de Reyes y Señor de Señores. 
Finalmente, un tiempo después, alguien vino y tomó al tercer árbol convertido en tablas. Fue cargado por las calles al mismo tiempo que la gente escupía, insultaba y golpeaba al Hombre que lo cargaba. Se detuvieron en una pequeña colina y el Hombre fue clavado al árbol y levantado para morir en la cima de la colina. Cuando llegó el domingo, el tercer árbol se dio cuenta que él fue lo suficientemente fuerte para permanecer erguido en la cima de la colina y estar tan cerca de Dios como nunca, porque Jesús había sido crucificado en él. 

Moraleja: 
Cuando parece que las cosas no van de acuerdo a tus planes, debes saber que siempre Dios tiene un plan para ti. Si pones tu confianza en El, te dará grandes regalos a su tiempo. Recuerda que cada árbol obtuvo lo que pidió, solo que no en la forma en que pensaban. No siempre sabemos lo que Dios planea para nosotros, solo sabemos que Sus caminos no son nuestros caminos, pero… Sus caminos siempre son los mejores. 
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TE COMPRO UNA HORA


El niño tenía once años. El niño era estudioso, normal y cariñoso con sus padres. Pero el niño le daba vueltas a algo en la cabeza. Su padre trabajaba mucho, lo ganaba bien y estaba todo el día en sus negocios. El hijo le admiraba porque “tenía un buen puesto”. 

Cierto día el niño esperó a su padre, sin dormirse, y cuando llegó a casa, le llamó desde la cama: 

– Papá –le dijo- ¿cuánto ganas cada hora?. 
– Hijo, no sé, bastante. Pon, si quieres, dos mil pesetas. ¿Por qué? 
– Quería saberlo. 
– Bueno, duerme. 


Al día siguiente, el niño comenzó a pedir dinero a su mamá, a sus tíos, a sus abuelos. En una semana tenía mil quinientas pesetas. Y al regresar otro día, de noche, su padre, le volvió a llamar el niño: 

– Papá, dame quinientas pesetas que me hacen falta para una cosa muy importante… 
– ¿Muy importante, muy importante? Tómalas y duerme. 
– No, papá, espera. Mira. Tengo dos mil pesetas. Tómalas. ¡Te compro una hora! Tengo ganas de estar contigo. De hablar contigo. A veces me siento muy solo. Y tengo envidia de otros chicos que hablan con su padre… 

El padre le abrazó. 

(Del libro “Dios de perfil y ochenta minifábulas más” de Fermín de Mieza) 

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LAS HUELLAS EN LA ARENA


Una noche soñé que iba andando por la playa con Dios y que se proyectaban en el cielo muchas escenas de mi vida. En cada cuadro veía huellas de pisadas en la arena. A veces, las de dos personas y otras sólo las de una. Observé que durante los periodos más difíciles de mi existencia se veían las huellas de una sola persona. Y dije: 

– “Me prometiste, Señor, que siempre caminarías a mi lado. ¿Por qué cuando más te necesité no estabas conmigo?” 

Él respondió: “Cuando viste las huellas de una sola persona, hijo mío, fue cuando tuve que llevarte en brazos”. 

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Te invito a que pienses un poquito en ti, a que te detengas un momento cada día y veas que quieres hacer, quizás te sirva como ejemplo este cuento, te puede dar una pista de cómo actuar. Sería un primer paso para conocerte un poquito más y dedicarte a ti.

Cuento: Sabiduría Canina

“Aprende a actuar con sabiduría canina. Inténtalo, vale la pena:

1.- Nunca dejes pasar la oportunidad de salir a pasear.

2.-Experimenta la sensación del aire fresco y del viento en tu cara sólo por placer.

3.-Cuando alguien a quien amas se aproxima, corre para saludarlo(a).

4.-Cuando haga falta, practica la obediencia.

5.-Deja que los demás conozcan cuándo están invadiendo tu territorio.

6.-Siempre que puedas, échate una siesta y estírate antes de levantarte.

7.-Corre, salta y juega diariamente.

8.-Sé siempre leal.

9.-Como con gusto y con entusiasmo, pero detente cuando ya estés satisfecho.

10.-Nunca pretendas ser algo que no eres.

11.-Si lo que deseas está enterrado cava hasta encontrarlo.

12.-Cuando alguien tenga un mal día, guarda silencio, siéntate cerca de él ( ella ) y trata de agradarlo ( a).

13.-Cuando quieras llamar la atención, deja que alguien te toque.

14.-Evita morder por cualquier problema.

15.-En los días cálidos, acuéstate sobre tu espalda en el prado.

16.-En los días de más calor, bebe mucha agua y descansa bajo un árbol frondoso o en tu rinconcito preferido.

17.-Cuando te sientas feliz, baila y balancea tu cuerpo.

18.-No importa cuántas veces seas censurado, no asumas ningún rencor y no te entristezcas…Corre inmediatamente hacia tus amigos.

19.-Alégrate por el simple placer de una caminata.

20.-Mantente siempre alerta pero tranquilo.

21.-Da cariño con alegría y deja que te acaricien.”

Autor Desconocido

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La leyenda del bambú japonés: Paciencia y perseverancia

 

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes. Siembras la semilla, la abonas y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros meses no sucede nada, al menos apreciable. En realidad no pasa nada con la semilla…durante los siete primeros años, a tal punto que un cultivador inexperto estará convencido de haber comprado semillas estériles. Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas…la planta de bambú crece ¡más de 30 metros!.
Se toma siete años para crecer y seis semanas para desarrollarse.

Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú genera un complejo sistema de raíces que le permiten sostener el crecimiento que llegará después.

Reflexión:

 

Espero que esta leyenda te sirva para tener la paciencia y perseverancia que necesitas para conseguir tus sueños.

Quizás hayas comenzado a desarrollar un proyecto nuevo y no veas los resultados que esperas.

Todo es cuestión de tiempo.

Lo más importante es mantener la ilusión y “sembrar”, poner todas las semillas que necesitas para que la cosecha sea la esperada.

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La vida es como el mar….

Os dejo este poema de Virginia Satir, una reflexión que nos invita a vernos como el mar. Lo más significativo para mí es saber que “soy el amo y no el siervo de mi circunstancia”, esto nos permite ser responsables de nuestra vida y actuar, tomar las riendas y no dejar a otros que decidan por nosotros. Abandonemos las culpas y empecemos a ver que tenemos dentro de nosotros el poder necesario para solucionar nuestros problemas y que “sabemos hacerlo”. Que los malos momentos sean aprendizajes y experiencias que nos permitan seguir nuestro camino y avanzar en la dirección que queremos.

COMO EL MAR

 

La vida es para mí

como el mar,

con olas grandes a veces,

pequeñas otras,

calmadas y fuertes a veces.

Del mismo modo soy yo:

unas veces dulce y otras violenta;

unas veces conflictiva

y otras no.

 

Las corrientes marinas son como la vida:

respuestas eternas del mundo natural

a fuerzas que pueblan el universo.

Yo soy igual,

en mi cara se retrata mi vida,

mi crecimiento.

Y tanto las tormentas como el brillo del sol

dibujan cada una de mis facciones.

 

Siento un orgullo legítimo

 por mi rostro atormentado;

siento un orgullo legítimo

 por mi rostro resplandeciente,

y los acepto como algo normal.

No pongo cara alegre

cuando mis días son grises,

no pongo cara de duda

cuando tengo respuestas.

Mis rostros, siempre distintos,

son el recurso con que cuento

 para enfrentar  lo que venga.

Y en mi hay espacio

para miles de ellos.

Reconozco quien vive dentro de mí;

 amo y acepto cada uno de mis rincones,

y esto me ayuda a encontrar armonía

entre lo que me rodea y lo que soy.

 

Cuando veo lo humano

 y no lo malo de mí ser,

trabajo con el espíritu de arqueólogo

que prepara su siguiente excavación.

Soy el amo

 y no el siervo de mi circunstancia.

Saber esto me permite que sea yo,

y no otro, el que toma las decisiones

que necesita mi vida.

 

Virginia Satir

 

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Carta de una madre a su hija

 

En el día de hoy comparto con vosotros esta carta que circula en Internet.

Cuando tenemos personas mayores cerca, necesitamos unas cuantas dosis de “paciencia” porque no les entendemos. Nos sentimos cansados cuando tenemos que repetirles las cosas unas cuantas veces, y también nos cansa cuando ellos nos cuentan una y otra vez la misma historia.

Pues bien, espero que esta carta os sirva para reflexionar y para ver que ellos hicieron lo mismo con nosotros cuando fuimos pequeños.

Que el amor llene vuestros corazones y os permita ver con otros ojos a las personas mayores que os rodean.

Carta de una madre a su hija:

 “Mi querida hija, el día que me veas vieja, te pido…. por favor que tengas paciencia, pero sobre todo trata de entenderme.

Si cuando hablamos, repito lo mismo mil veces, no me interrumpas para decirme “eso ya me lo contaste” solamente escúchame por favor. Y recordar los tiempos en que eras niña y yo te leía la misma historia, noche tras noche hasta que te quedabas dormida.

Cuando no me quiera bañar, no me regañes y por favor no trates de avergonzarme, solamente recuerda las veces que yo tuve que perseguirte con miles de excusas para que te bañaras cuando eras niña.

Cuando veas mi ignorancia ante la nueva tecnología, dame el tiempo necesario para aprender, y por favor no hagas esos ojos ni esas caras de desesperada.

Recuerda mi querida, que yo te enseñé a hacer muchas cosas como comer apropiadamente, vestirte y peinarte por ti misma y como confrontar y lidiar con la vida.

El día que notes que me estoy volviendo vieja, por favor, ten paciencia conmigo y sobre todo trata de entenderme.

Si ocasionalmente pierdo la memoria o el hilo de la conversación, dame el tiempo necesario para recordar y si no puedo, no te pongas nerviosa, impaciente o arrogante. Solamente ten presente en tu corazón que lo más importante para mí es estar contigo y que me escuches.

Y cuando mis cansadas y viejas piernas, no me dejen caminar como antes, dame tu mano, de la misma manera que yo te las ofrecí cuando diste tus primero pasos.

Cuando estos días vengan, no te debes sentir triste o incompetente de verme así, sólo te pido que estés conmigo, que trates de entenderme y ayudarme mientras llego al final de mi vida con amor…. Y con gran cariño por el regalo de tiempo y vida, que tuvimos la dicha de compartir juntas, te lo agradeceré.

Con una enorme sonrisa y con el inmenso amor que siempre te he tenido, sólo quiero decirte que te amo, mi querida hija.”

 

Tu mamá

 

************************************************************El poder de un abrazo

Si no sabes abrazar, estás a tiempo. Me refiero al “abrazo terapéutico”, que todo el mundo se lo puede dar. Los abrazos no son solo para amantes y para ser abrazado o abrazar, uno no debe sentirse físicamente atraído por el otro.

El poder de un abrazo es sanador: aumenta la autoestima, nos llena de alegría, es una muestra de amor y apoyo, es un remedio contra el estrés y la ansiedad, nos genera buen humor y motivación, fortalece el sistema inmunológico….

Cuando nos tocamos y nos abrazamos con espíritu solidario y alegre, llevamos vida a nuestros sentidos y reafirmamos la confianza en nuestros propios sentimientos.

Nunca dejes para mañana si puedes abrazar a alguien hoy, porque cuando abrazas a alguien, en ese mismo instante estas recibiendo uno de vuelta. ¿Qué estas esperando para regalar un abrazo?

Comparto con vosotros este poema:

Abrázame

cuando este triste y mis ojos me delaten con el llanto,

cuando la alegría me invada por completo.

Abrázame a tus sueños mientras duermes;

abrázame a tus metas mientras vives,

en todo momento solo quiero sentirme tuya,

así que abrázame.

Como bienvenida, o como despedida,

pero solo abrázame;

sin que te lo pida, solo mírame a los ojos y sabrás

que lo único que quiero es que me abraces.

Cuando discutamos,

y quieras alejarte de mi para siempre,

regresa y abrázame muy fuerte

para que te des cuenta

que así debemos estar hoy y siempre.

Porque lo mejor que me puede suceder,

es sentir el calor de tus brazos

alrededor de mi cuerpo;

y oír el palpitar de tu pecho

al acercarme a ti.

Así que, solo abrázame y guarda silencio,

por un instante deja que nuestros ojos hablen

al cruzarse en una mirada,

donde te pida a gritos que me abraces.

Pase lo que pase,

espero nunca dejar de contar con tus brazos,

porque en todo momento solo necesito…

que me abraces.

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 El Nuevo Año

Comienza el nuevo año….

Busca un propósito para el año que viene.

Coge papel y lápiz y empieza a escribir.

Nadie, sólo tú, sabe lo que quieres conseguir.

Que no te de pereza.

Anota las cosas que quieres,

las ilusiones que tienes,

que nada ni nadie te detenga.

Solo tú sabe lo que quieres conseguir.

Es un buen momento para reflejar

tus sueños, tus ilusiones.

Anota lo que depende de ti.

Tú te conoces y sabes

que lo puedes conseguir.

No te pares,

escribe tus sueños.

Después de escribirlos

mira que tienes que hacer

para conseguirlos

y “manos a la obra”.

Haz un planning de las cosas

que tienes que hacer

para que se conviertan en realidad.

Ponte en marcha,

asume tu responsabilidad,

con constancia y perseverancia

podrás conseguirlo.

¡Ánimo! ¡Tú puedes!

Empieza por lo más pequeño

y sigue por lo demás.

Elógiate

según vayas

consiguiendo tus propósitos.

Empieza un año nuevo

y es un buen momento para cambiar,

para poner en marcha cosas nuevas,

para conseguir tus metas.

Que tu cara refleje la ilusión

de esos sueños que quieres vivir.

Que esos sueños

no se queden en pensamientos,

que esos sueños

se conviertan en realidad.

Y tú, solo tú, sabes

que puedes conseguirlo.

A por ello!

Que el año que entra

sea el punto de partida

que de la SALIDA para que

poco a poco puedas llegar a la META.

“ACCIÓN Y MOVIMIENTO”

Seguro que ya has hecho

en tu vida otras cosas,

te animo a que sigas avanzando.

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GRATITUD

 (“Dar las gracias por lo que tienes transformará tu vida”. Louise L. Hay)

¿Habéis probado a pensar que cosas son las que podéis agradecer cada día?

Este es un bonito ejercicio, si te paras un momento y piensas: ¿qué hay en mi vida por lo que puedo dar las gracias?, te vas a asombrar al ver la cantidad de cosas que podemos agradecer y que no somos conscientes.

En mi camino hacia casa, hay un espectáculo de la naturaleza que no me canso de mirar y de agradecer. Es una estupenda puesta de sol, con las montañas de fondo. Algún día he parado el coche y lo he fotografiado, es maravilloso poder divisar esta imagen, después de un largo día de trabajo. Doy las gracias al Universo por permitirme ver y observar esta vista tan sorprendente, me maravilla y me siento contenta y feliz por tener la posibilidad de pasar por un lugar, que me ofrece la posibilidad de contemplar unas puestas de sol tan sorprendentes.

Este es solo un ejemplo, de las muchas situaciones que se nos presentan cada día para dar las gracias.

Podemos hacer una lista de cosas por las que queramos dar las gracias hoy”: gracias por el día que hemos pasado juntos con nuestra familia, gracias por los alimentos que hemos comido, gracias por haber jugado con nuestros hijos, gracias por el sol que nos ha iluminado, gracias….……

Como dice Marcia Perkins-Reed en el libro Gratitud de Louise L. Hay:

  • La  gratitud produce dos agradables consecuencias en nuestra vida. En primer lugar, nos crea una profunda sen­sación de alegría. Se dice que si nuestro objetivo es la feli­cidad, ésta nos va a eludir. Lo mismo pasa con la alegría. Si la buscamos por sí misma, no la vamos a encontrar. Pero si expresarnos gratitud, viviendo en una conciencia de alegría, agradeciendo lo que tenemos (aunque sea poco) y cultivando la paz interior mediante una silenciosa meditación, descubriremos que la alegría aparece espon­táneamente.
  • La segunda consecuencia de la gratitud es una expe­riencia personal de abundancia y prosperidad. Es un prin­cipio ampliamente aceptado que «aquello en lo que nos concentramos se expande». Si nos pasamos la mayor parte del tiempo pensando en lo que no tenemos, o en cómo deseamos que nuestra vida sea diferente, o en lo que acabamos de perder, eso se expandirá, y tendremos más pérdidas, más carencia y más descontento con nues­tra situación actual. Pero sí nos concentramos en lo que tenemos (por ejemplo: comida en la mesa, amigos y/o familiares que nos quieren, el sol que brilla fuera…), eso también se expandirá. La energía de la gratitud atrae hacia nosotros las cosas que deseamos, casi por arte de magia.

 

Te invito a experimentar esta maravillosa sensación, es algo muy sencillo, solo necesitas una palabra “GRACIAS” y dedicar un tiempo cada día para hacerte esta pregunta “¿Qué puedo agradecer hoy?”. Puedes comenzar hoy mismo a expresar gratitud.

***************************** “Cuando me amé de verdad”

Uno de los ingredientes más importantes en nuestra vida es amarnos a nosotros mismos.

Nos pasamos horas y horas preocupados por los demás, pensando si las personas que nos rodean nos quieren o no nos quieren, buscando su aprobación…..

Y todo cambia cuando realmente nos centramos en nosotros y nos empezamos a querer.

Comparto con vosotros este poema de Charles Chaplin, donde nos cuenta las cosas que suceden cuando nos amamos de verdad.

“Cuando me amé de verdad”

Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y, entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre… autoestima.

Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es… autenticidad.

Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento. Hoy sé que eso se llama…madurez.

Cuando me amé de verdad, comencé a comprender por qué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, solo para alcanzar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada. Hoy sé que el nombre de eso es… respeto.

Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se llama… amor hacia uno mismo.

Cuando me amé de verdad, dejé de preocuparme por no tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé, que eso es… simplicidad.

Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré muchas menos veces. Así descubrí la… humildad.

Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama… plenitud.

Cuando me amé de verdad, comprendí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, es una valiosa aliada. Y esto es… saber vivir!

No debemos tener miedo de cuestionarnos… Hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas.
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Os dejo este cuento para que podáis incorporar en vuestros corazones esta estrella y os sirva para experimentar cambios en vuestra vida.

La estrella

Existían millones de estrellas en el cielo. Estrellas de todos los colores: blancas, plateadas, verdes, doradas, rojas, azules.
Un día, inquietas, ellas se acercaron a Dios y le dijeron:
“Señor Dios, nos gustaría vivir en la tierra entre los hombres”.
“Así será”, respondió el Señor.
Las conservaré a todas ustedes pequeñitas, como son vistas para que puedan bajar a la tierra.

Cuéntase que, en aquella noche, hubo una linda lluvia de estrellas. Algunas se acurrucaron en las torres de las iglesias, otras fueron a jugar y a correr junto con las luciérnagas por los campos, otras se mezclaron con los juguetes de los niños y la tierra quedo maravillosamente iluminada.
Pero con el pasar del tiempo, las estrellas decidieron abandonar a los hombres y volver al cielo, dejando la tierra oscura y triste.
“¿Por qué volvieron?” -Preguntó Dios a medida que ellas iban llegando al cielo. “Señor, no nos fue posible permanecer en la tierra; allí existe mucha miseria y violencia, mucha maldad, mucha injusticia”.
Y el Señor les dijo: “¡Claro! El lugar de ustedes es aquí en el cielo.

La tierra es el lugar de lo transitorio, de aquello que pasa, de aquello que cae, de aquel que yerra, de aquel que muere, nada es perfecto.
El cielo es el lugar de la perfección, de lo inmutable, de lo eterno, donde nada perece”.

Después que llegaron las estrellas y se hubo verificado su número, Dios volvió a hablar: “Nos está faltando una estrella. ¿Será que se perdió en el camino?”.

Un ángel que estaba cerca replico: “No, Señor, una estrella resolvió quedarse entre los hombres. Ella descubrió que su lugar es exactamente donde existe la imperfección, donde hay límite, donde las cosas no van bien, donde hay lucha y dolor”.

“¿Que estrella es esa?” -Volvió Dios a preguntar.
“Es la Esperanza, Señor. La estrella verde. La única de ese color”.
Y cuando miraron para la tierra, la estrella no estaba sola. La tierra estaba nuevamente iluminada porque había una estrella verde en el corazón de cada persona. Porque el único sentimiento que el hombre tiene y Dios no necesita retener es la Esperanza. Dios ya conoce el futuro y la Esperanza es propia de la persona humana, propia de aquel que yerra, de aquel que no es perfecto, de aquel que no sabe cómo será el futuro.

Autor desconocido

Recibe en este momento esta estrella en tu corazón: La Esperanza. No dejes que ella huya y no permitas que se aparte. Ten la certeza de que ella iluminará tu camino, sé siempre positivo y agradece a Dios todo lo que tienes. Sé siempre feliz y contagia con tu corazón iluminando a otras personas.
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 Para hoy, unas cuantas reflexiones que me deja este poema que acompaño a este escrito:

  • VIVIR EL AHORA, como si fuera el último día.
  • No dejar para mañana lo que pueda hacer hoy.
  • VIVIR DESDE EL CORAZON, dejar de un lado mi mente y escuchar más mi corazón, mi sabiduría interior, mi intuición.
  • Decir TE QUIERO a las personas por las que realmente siento esto y aún no se lo he dicho o se lo digo muy pocas veces.
  • Hacer las cosas que quiero hacer y que siempre dejo en segundo lugar.
  • Ocuparme de mí, no sentirme egoísta, simplemente pensar en MÍ.

POEMA INSTANTES

 Si pudiera vivir nuevamente mi vida,
en la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido,
de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico.
Correría más riesgos,
haría más viajes,
contemplaría más atardeceres,
subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido,
comería más helados y menos habas,
tendría más problemas reales y menos imaginarios.

Yo fui una de esas personas que vivió sensata
y prolíficamente cada minuto de su vida;
claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás trataría
de tener solamente buenos momentos.

Por si no lo saben, de eso está hecha la vida,
sólo de momentos; no te pierdas el ahora.

Yo era uno de esos que nunca
iban a ninguna parte sin un termómetro,
una bolsa de agua caliente,
un paraguas y un paracaídas;
si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.

Si pudiera volver a vivir
comenzaría a andar descalzo a principios
de la primavera
y seguiría descalzo hasta concluir el otoño.
Daría más vueltas en calesita,
contemplaría más amaneceres,
y jugaría con más niños,
si tuviera otra vez vida por delante.

Pero ya ven, tengo 85 años…
y sé que me estoy muriendo.
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El Mundo (Eduardo Galeano “El libro de los abrazos”)

 

Cada uno somos diferentes, no tenemos que compararnos con los demás.

Somos únicos.

Somos seres con una gran luz dentro de nosotros.

Algunos dejan brillar esa luz y otros tienen una parte oscura que no les deja iluminarse, pero en su interior hay “brasas” que cuando se enciendan brillarán y arderán.

Te invito a que dejes brillar la luz que hay en tu interior.

Lee este cuento para que despierte en ti la chispa que llevas dentro.

El mundo

Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.

A la vuelta contó. Dijo que había contemplado desde arriba, la vida humana.

Y dijo que somos un mar de fueguitos.

-El mundo es eso -reveló- un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.

No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende.

Eduardo Galeano

“El libro de los abrazos”
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Cuento el Elefante Encadenado

“Vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad…

condicionados por el recuerdo de «no puedo»…

Tu única manera de saber, es intentar de nuevo

poniendo en el intento todo tu corazón…”

Jorge Bucay

“El elefante encadenado” es uno de los más famosos cuentos de Jorge Bucay que nos explica porqué actuamos, cómo actuamos y cómo podemos cambiarlo.

A igual que el elefante de la historia, todos llevamos inconscientemente los mensajes que  nos marcaron desde pequeños y que nos limitan, nos crean inseguridad, miedos, deterioraron nuestra autoestima y confianza en nuestras posibilidades.

En la niñez hemos recibido mensajes como “no puedes conseguirlo”, “no merece la pena intentarlo”, “nadie lo consiguió” y más mensajes del “no”, que nos cortan las alas y la ilusión por experimentar cosas nuevas.

Cada vez que la mente nos boicotee con un “esto no se puede”, pensemos en el pobre elefante y en su gran potencial desperdiciado y en esta frase del experto en pensamiento creativo Edward Bono: “Lo que usted crea es el resultado de lo que usted cree”.

Cuento del Elefante Encadenado:

Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante.

Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de su peso, tamaño y fuerza descomunal… pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.

Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.

El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye?

Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapa porque estaba amaestrado.

Hice entonces la pregunta obvia: “Si está amaestrado ¿por qué lo encadenan?”

No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.

Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca… y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.

Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta:

El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.

Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca.

Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él.

Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía…

Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.

Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree –pobre– que NO PUEDE.

Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer.

Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro.

Jamás… jamás… intentó poner a prueba su fuerza otra vez…

Vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad… condicionados por el recuerdo de «no puedo»… Tu única manera de saber, es intentar de nuevo poniendo en el intento todo tu corazón…

JORGE BUCAY
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ASAMBLEA DE HERRAMIENTAS

Cuentan que un buen día las herramientas se reunieron en asamblea plenaria con la finalidad de arreglar sus diferencias.

El martillo ejerció la presidencia, pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar. ¿La causa? ¡Hacía demasiado ruido! Además, se pasaba el día golpeando.

El martillo aceptó su culpa, pero pidió que el cepillo fuera también expulsado, debido a que siempre hacía su trabajo en la superficie y no tenía profundidad alguna.

 

El cepillo aceptó, pero a su vez pidió la expulsión del tornillo. Adujo que había que darle muchas vueltas para que sirviera para algo.

Ante el ataque, el tornillo también aceptó, pero pidió la expulsión del papel de lija; hizo ver que era muy áspero en su trato y siempre tenía fricciones con los demás.

 

El papel de lija aceptó con la condición de que fuera expulsado el metro, que siempre se la pasaba midiendo a los demás con su medida, como si fuera perfecto.

En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició su trabajo. Utilizó al martillo, al cepillo, el papel de lija, el metro y el tornillo. De la madera trabajada, finalmente brotó un hermoso mueble.

Cuando las herramientas quedaron solas, se reanudó la deliberación. Fue entonces cuando tomó la palabra el serrucho y dijo:

 

“Señores, ha quedado demostrado que tenemos algunos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades; eso es lo que nos hace valiosos e importantes. Así que no pensemos en nuestras debilidades, sino centrémonos en nuestras fortalezas y aspectos positivos”

La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, contundente, y que el cepillo era suave y eficaz. Se dieron cuenta que el tornillo tenía la cualidad de unir y dar fuerza, y que el papel de lija era especial para afinar y limar asperezas. También observaron que el metro era preciso y exacto.

Se sintieron un equipo orgulloso, capaz de servir y producir diversos artículos y muebles de calidad.

¿Ocurre lo mismo con nosotros, los seres humanos? Observa a tu alrededor y lo comprobarás.  Cuando en un hogar, empresa, institución u organización, sus miembros gastan su tiempo y esfuerzos en buscar los defectos de los demás, la situación se vuelva tensa, negativa y rumbo al caos y su posible desaparición.

En cambio, cuando los propósitos son enfocados positivamente, buscando propiciar los mejores valores individuales y de grupo, estamos ante las puertas de los mejores y más satisfactorios logros humanos.

Lo más trascendente de esta historia es que nuestro aporte a cualquier grupo al que pertenezcamos, siempre será en relación con nuestras cualidades, propiciando logros comunes a pesar de nuestros defectos individuales.

 

TRABAJA

COMO SI NO NECESITARAS DINERO

AMA

COMO SI NUNCA TE HUBIERAN HERIDO

BAILA

COMO SI NADIE TE ESTUVIERA VIENDO

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Quizás él sólo quería darle ánimo

Dos hombres, ambos seriamente enfermos, ocupaban la misma habitación de un hospital.

A uno de ellos se le permitía sentarse en su cama por una hora cada tarde para ayudar a drenar los fluidos de sus pulmones. Su cama estaba junto a la única ventana del cuarto.

El otro hombre debía permanecer todo el tiempo en su cama tendido sobre su espalda.

Los hombres hablaban por horas y horas. Hablaban acerca de sus esposas y familias, de sus hogares, sus trabajos, su servicio militar, de cuando ellas han estado de vacaciones, etc.

Y cada tarde en la cama cercana a la ventana, el hombre que podía sentarse, se pasaba el tiempo describiéndole a su compañero de cuarto las cosas que él podía ver desde allí.

El hombre en la otra cama, comenzaba a vivir, en esos pequeños espacios de una hora, como si su mundo se agrandara y reviviera por toda la actividad y el color el mundo exterior. Se divisaba desde la venta un hermoso lago, cisnes, personas nadando y niños jugando con sus pequeños barcos de papel. Jóvenes enamorados caminaban abrazados entre flores de todos los colores del arco iris. Grandes y viejos árboles adornaban el paisaje y una ligera vista del horizonte en la ciudad podía divisarse a la distancia. Como el hombre de la ventana describía todo esto con exquisitez de detalle, el hombre de la otra cama podía cerrar los ojos e imaginar tan pintorescas escenas.

Una cálida tarde de verano, el hombre de la ventana le describió un desfile que pasaba por ahí. A pesar de que el hombre no podía escuchar a la banda, él podía ver todo en su mente, pues el caballero de la ventana le representaba todo con palabras tan descriptivas. Días y semanas pasaron.

Un día la enfermera de la mañana llegó a la habitación llevando agua para el baño de cada uno de ellos y descubre el cuerpo sin vida del hombre de la ventana, el mismo que había muerto tranquilamente en la noche mientras dormía. Ella se entristeció mucho y llamó a los dependientes del hospital para sacar el cuerpo.

Tan pronto como creyó conveniente, el otro hombre preguntó si podía ser trasladado cerca de la ventana. La enfermera estaba feliz de realizar el cambio, luego de estar segura de que estaba confortable, ella le dejó solo.

Lenta y dolorosamente se incorporó apoyado en uno de sus codos para tener su primera visión del mundo exterior.

Finalmente, iba a tener la dicha de verlo por sí mismo. Se estiró para, lentamente girar su cabeza y mirar por la ventana que estaba junto a la cama. Solo había un gran muro blanco. Eso era todo.

El hombre preguntó a la enfermera que pudo haber obligado a su compañero de cuarto a describir tantas cosas maravillosas a través de la ventana. La enfermera le contestó que ese hombre era ciego y que por ningún motivo él podía ver esa pared.

Ella dijo:

_”Quizás él solamente quería darle ánimo”_

Autor desconocido

Reflexión

No hace falta ver para imaginarnos un mundo de color, lleno de vida.

Muchas veces nos dejamos invadir por el murmullo interno, por el malestar y no nos permitimos ver las cosas bonitas que hay en nuestro camino.

Podemos ponernos las “gafas” que necesitamos en cada momento que nos permitan ver las cosas de una manera diferente, para conseguir una vida feliz.

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No te rindas, sigue luchando por tus sueños, no pares, no te detengas!

MARIO BENEDETTI- NO TE RINDAS

No te rindas, aún estás a tiempo

De alcanzar y comenzar de nuevo,

Aceptar tus sombras,

Enterrar tus miedos,

Liberar el lastre,

Retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,

Continuar el viaje,

Perseguir tus sueños,

Destrabar el tiempo,

Correr los escombros,

Y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,

Aunque el frío queme,

Aunque el miedo muerda,

Aunque el sol se esconda,

Y se calle el viento,

Aún hay fuego en tu alma

Aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo

Porque lo has querido y porque te quiero

Porque existe el vino y el amor, es cierto.

Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas,

Quitar los cerrojos,

Abandonar las murallas que te protegieron,

Vivir la vida y aceptar el reto,

Recuperar la risa,

Ensayar un canto,

Bajar la guardia y extender las manos

Desplegar las alas

E intentar de nuevo,

Celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,

Aunque el frío queme,

Aunque el miedo muerda,

Aunque el sol se ponga y se calle el viento,

Aún hay fuego en tu alma,

Aún hay vida en tus sueños

Porque cada día es un comienzo nuevo,

Porque esta es la hora y el mejor momento.

Porque no estás solo, porque yo te quiero.

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Tú tienes el poder de decisión, como dice este cuento de Jorge Bucay, tú puedes decidir si quieres florecer regado de tu propio amor o marchitarte en tu propia condena.

Disfruta del cuento y  reflexiona sobre lo que quieres ser, tú eliges!

¿COMO CRECER?

Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo.

El Roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el Pino.

Volviéndose al Pino, lo halló caído porque no podía dar uvas como la Vid. Y la Vid se moría porque no podía florecer como la Rosa.

La Rosa lloraba porque no podía ser alta y sólida como el Roble. Entonces encontró una planta, una fresa, floreciendo y más fresca que nunca.

El rey preguntó:

¿Cómo es que creces saludable en medio de este jardín mustio y sombrío?

No lo sé. Quizás sea porque siempre supuse que cuando me plantaste, querías fresas. Si hubieras querido un Roble o una Rosa, los habrías plantado. En aquel momento me dije: “Intentaré ser Fresa de la mejor manera que pueda”.

Ahora es tu turno. Estás aquí para contribuir con tu fragancia. Simplemente mírate a vos mismo.

No hay posibilidad de que seas otra persona.

Podes disfrutarlo y florecer regado con tu propio amor por vos, o podes marchitarte en tu propia condena…
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¿A qué esperamos para ser felices?

Empecemos a disfrutar del aquí y el ahora, a valorar lo que tenemos, a VIVIR cada momento, a dar las gracias por todo lo que nos rodea.

Diseñemos como queremos que sea nuestra felicidad, pero en este momento, sin ponernos trabas.

Disfrutemos del camino que nos lleva a conseguir nuestra felicidad.

SOBRE LA FELICIDAD

Eduardo Galeano

“Nos convencemos a nosotros mismos de que la vida será mejor después de casarnos, después de tener un hijo y entonces después de tener otro. Entonces nos sentimos frustrados porque los hijos no son lo suficientemente grandes y que seremos más felices cuando lo sean. Después de eso nos frustramos porque son adolescentes (difíciles de tratar). Ciertamente seremos más felices cuando salgan de esta etapa. Nos decimos que nuestra vida estará completa cuando a nuestro esposo (a) le vaya mejor, cuando tengamos un mejor carro o una mejor casa, cuando nos podamos ir de vacaciones, cuando estemos retirados.”

“La verdad es que no hay mejor momento para ser felices que ahora. Si no es ahora, ¿cuándo? Tu vida estará siempre llena de retos. Es mejor admitirlo y decidir ser felices de todas formas. Una de mis frases: “Por largo tiempo me parecía que la vida estaba a punto de comenzar. La vida de verdad. Pero siempre había algún obstáculo en el camino, algo que resolver primero, algún asunto sin terminar, tiempo por pasar, una deuda que pagar. Sólo entonces la vida comenzaría. Hasta que me di cuenta que esos obstáculos eran mi vida”. Esta perspectiva me ha ayudado a ver que no hay un camino a la felicidad.”

“La felicidad “es” el camino; así que atesora cada momento que tienes y atesóralo más cuando lo compartiste con alguien especial, lo suficientemente especial para compartir tu tiempo y recuerda que el tiempo no espera por nadie… así que deja de esperar hasta que bajes cinco kilos, hasta que te cases, hasta que te divorcies, hasta el viernes por la noche, hasta el domingo por la mañana, hasta la primavera, el verano, el otoño o el invierno o hasta que te mueras, para decidir que no hay mejor momento que éste para ser feliz… la felicidad es un trayecto, no un destino.”

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Sería fantástico que todos tuviéramos un árbol donde poder colgar los problemas que traemos cuando llegamos a casa. De esta forma, haríamos lo mismo que el protagonista de este cuento  y disfrutaríamos de nuestra familia al 100 %.

 

EL ÁRBOL DE LOS PROBLEMAS

 

El carpintero que había contratado para que me ayudara a reparar una vieja granja, acababa de finalizar un duro primer día de trabajo. Su cortadora eléctrica se estropeó y le hizo perder una hora de trabajo, y ahora su antiguo camión se niega a arrancar.

Mientras lo llevaba a su casa, se sentó en silencio. Una vez que llegamos, me invitó a conocer a su familia. Mientras nos dirigíamos a la puerta, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, tocando las puntas de las ramas con ambas manos. Cuando se abrió la puerta, ocurrió una sorprendente transformación: su bronceada cara estaba plena de sonrisas. Abrazó a sus dos pequeños hijos y le dio un beso a su esposa. Posteriormente, me acompañó hasta el coche. Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y le pregunté acerca de lo que le había visto hacer un rato antes.

—¡Oh!, ése es mi árbol de problemas —contestó—. Sé que no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero una cosa es segura: los problemas no pertenecen a la casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que, simplemente, los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego a casa. Luego, en la mañana, los recojo otra vez. Lo divertido es —dijo sonriendo— que cuando salgo en la mañana a recogerlos, ni remotamente hay tantos como los que recuerdo haber colgado la noche anterior.

AUTOR DESCONOCIDO

 

¡¡¿Sabiduría…, sabiduría,…!!!

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POEMA DE CHARLES CHAPLIN  

 

“El teatro de la vida” 

La vida es una obra de teatro que no permite ensayos…

Por eso, canta, ríe, baila, llora

y vive intensamente cada momento de tu vida…

…antes que el telón baje

y la obra termine sin aplausos.

¡Hey, hey, sonríe!

más no te escondas detrás

de esa sonrisa…

Muestra aquello que eres, sin miedo.

Existen personas que sueñan

con tu sonrisa,  así como yo.

¡Vive! ¡Intenta!

La vida no pasa de una tentativa.

¡Ama!

Ama por encima de todo,

ama a todo y a todos.

No cierres los ojos a la suciedad del mundo,

no ignores el hambre!

Olvida la bomba,

pero antes haz algo para combatirla,

aunque no te sientas capaz.

¡Busca!

Busca lo que hay de bueno en todo y todos.

No hagas de los defectos una distancia,

y si, una aproximación.

¡Acepta!

La vida, las personas,

haz de ellas tu razón de vivir.

¡Entiende!

Entiende a las personas que piensan diferente a ti,

no las repruebes.

¡Eh! Mira…

Mira a tu espalda, cuantos amigos…

¿Ya hiciste a alguien feliz hoy?

¿O hiciste sufrir a alguien con tu egoísmo?

¡Eh! No corras…

¿Para qué tanta prisa?

Corre apenas dentro tuyo.

¡Sueña!

Pero no perjudiques a nadie y

no transformes tu sueño en fuga.

¡Cree! ¡Espera!

Siempre habrá una salida,

siempre brillará una estrella.

¡Llora! ¡Lucha!

Haz aquello que te gusta,

siente lo que hay dentro de ti.

Oye…

Escucha lo que las otras personas

tienen que decir,

es importante.

Sube…

Haz de los obstáculos escalones

para aquello que quieres alcanzar.

Mas no te olvides de aquellos

que no consiguieron subir

en la escalera de la vida.

¡Descubre!

Descubre aquello que es bueno dentro tuyo.

Procura por encima de todo ser gente,

yo también voy a intentar.

¡Hey! Tú…

ahora ve en paz.

Yo preciso decirte que… TE ADORO,

simplemente porque existes.

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ANIMARSE A VOLAR Jorge Bucay

..Y cuando se hizo grande, su padre le dijo:

-Hijo mío, no todos nacen con alas. Y si bien es cierto que no tienes obligación de volar, opino que sería penoso que te limitaras a caminar teniendo las alas que el buen Dios te ha dado.

-Pero yo no sé volar – contestó el hijo.

-Ven – dijo el padre.

Lo tomó de la mano y caminando lo llevó al borde del abismo en la montaña.

-Ves hijo,  este es el vacío. Cuando quieras podrás volar. Sólo debes pararte aquí, respirar profundo, y saltar al abismo. Una vez en el aire extenderás las alas y volarás…

El hijo dudó.

-¿Y si me caigo?

-Aunque te caigas no morirás, sólo algunos machucones que te harán más fuerte para el siguiente intento –contestó el padre.

El hijo volvió al pueblo, a sus amigos, a sus pares, a sus compañeros con los que había caminado toda su vida.

Los más pequeños de mente dijeron:

-¿Estás loco?

-¿Para qué?

-Tu padre está delirando…

-¿Qué vas a buscar volando?

-¿Por qué no te dejas de pavadas?

-Y además, ¿quién necesita?

Los más lúcidos también sentían miedo:

-¿Será cierto?

-¿No será peligroso?

-¿Por qué no empiezas despacio?

-En todo caso, prueba tirarte desde una escalera.

-…O desde la copa de un árbol, pero… ¿desde la cima?

El joven escuchó el consejo de quienes lo querían.

Subió a la copa de un árbol y con coraje saltó…

Desplegó sus alas.

Las agitó en el aire con todas sus fuerzas… pero igual… se precipitó a tierra…

Con un gran chichón en la frente se cruzó con su padre:

-¡Me mentiste! No puedo volar. Probé, y ¡mira el golpe que me di!. No soy como tú. Mis alas son de adorno… – lloriqueó.

-Hijo mío – dijo el padre – Para volar hay que crear el espacio de aire libre necesario para que las alas se desplieguen.

Es como tirarse en un paracaídas… necesitas cierta altura antes de saltar.

Para aprender a volar siempre hay que empezar corriendo un riesgo.

Si uno no quiere correr riesgos, lo mejor será resignarse y seguir caminando como siempre.

Reflexión

¿Qué miedos tienes?

¿ Te están impidiendo realizar lo que deseas?

El principal obstáculo para avanzar es nuestro propio miedo, y esto se puede vencer.

Valiente no es aquel que nunca tiene miedo, sino aquel que actúa a pesar de él.

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Los amigos van y vienen. Lo más importante es disfrutar de los momentos que podemos estar con ellos. A veces no nos vemos, pero sentimos que nuestros amigos están cerca, si los necesitamos están a nuestro lado, nos apoyan, nos escuchan.

Amigos del alma, amigos de corazón. Las personas que aparecen en nuestro camino, no lo hacen por casualidad.

Disfruta de este poema de Jorge Luis Borges sobre la amistad.

El árbol de los amigos.

Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices
por la simple casualidad de haberse cruzado en nuestro camino.
Algunas recorren el camino a nuestro lado, viendo muchas lunas pasar,
mas otras apenas vemos entre un paso y otro.
A todas las llamamos amigos y hay muchas clases de ellos.

Tal vez cada hoja de un árbol caracteriza uno de nuestros amigos.
El primero que nace del brote es nuestro amigo papá y nuestra amiga mamá,
que nos muestra lo que es la vida.
Después vienen los amigos hermanos,
con quienes dividimos nuestro espacio para que puedan florecer como nosotros.
Pasamos a conocer a toda la familia de hojas a quienes respetamos y deseamos el bien.

Mas el destino nos presenta a otros amigos,
los cuales no sabíamos que irían a cruzarse en nuestro camino.
A muchos de ellos los denominamos amigos del alma, de corazón.
Son sinceros, son verdaderos.
Saben cuando no estamos bien, saben lo que nos hace feliz.

Y a veces uno de esos amigos del alma estalla en nuestro corazón
y entonces es llamado un amigo enamorado.
Ese da brillo a nuestros ojos, música a nuestros labios, saltos a nuestros pies.
Mas también hay de aquellos amigos por un tiempo,
tal vez unas vacaciones o unos días o unas horas.
Ellos acostumbran a colocar muchas sonrisas en nuestro rostro,
durante el tiempo que estamos cerca.

Hablando de cerca, no podemos olvidar a amigos distantes,
aquellos que están en la punta de las ramas
y que cuando el viento sopla siempre aparecen entre una hoja y otra.
El tiempo pasa, el verano se va, el otoño se aproxima y perdemos algunas de nuestras hojas,
algunas nacen en otro verano y otras permanecen por muchas estaciones.
Pero lo que nos deja más felices es que las que cayeron continúan cerca,
alimentando nuestra raíz con alegría.
Son recuerdos de momentos maravillosos de cuando se cruzaron en nuestro camino.

Te deseo, hoja de mi árbol, paz, amor, salud, suerte y prosperidad.
Simplemente porque cada persona que pasa en nuestra vida es única.
Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros.

Habrá los que se llevarán mucho,
pero no habrán de los que no nos dejarán nada.
Esta es la mayor responsabilidad de nuestra vida
y la prueba evidente de que dos almas no se encuentran por casualidad.

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Con esta lectura sobre los Gansos os invito a la reflexión sobre el sentido de compartir una dirección común. Si trabajamos con un grupo y todos tenemos un sentido de comunidad podremos cumplir nuestros objetivos de una manera más eficiente. Si nos ayudamos mutuamente podremos lograr metas mayores.

LOS GANSOS

Cuando los gansos emigran hacia un lugar más cálido para pasar el invierno, vuelan en forma de V.

Tal vez te interesa saber por qué lo hacen de esa manera. Se ha comprobado que al batir sus alas, cada pájaro produce un movimiento en el aire que ayuda al pájaro que va detrás de él.

Volando en V, la bandada de gansos incrementa su poder de vuelo en un 71% en comparación con un pájaro que vuela solo.

Las personas que comparten una dirección común y tienen sentido de comunidad, pueden llegar a cumplir sus objetivos más fácil y rápidamente, porque ayudándonos entre nosotros, los logros son mayores.

Cada vez que un ganso sale de la formación, siente inmediatamente la resistencia del aire, se da cuenta de la dificultad de hacerlo solo y, rápidamente, vuelve a la formación para beneficiarse del compañero que va adelante.

Si nos unimos y nos mantenemos junto a quienes van en nuestra misma dirección, el esfuerzo será menor y será más sencillo y placentero alcanzar las metas.

Cuando el líder de los gansos se cansa, pasa atrás y otro ganso ocupa su lugar.

Los hombres obtenemos mejores resultados si nos apoyamos en los momentos difíciles, si nos respetamos compartiendo los problemas y los trabajos más arduos.

Los gansos que van detrás graznan para alentar a los que van delante a que mantengan la velocidad.

Una palabra de aliento a tiempo ayuda, motiva, da fuerzas, produce el mejor de los beneficios.

Finalmente, cuando un ganso se enferma o cae abatido por un disparo, otros dos gansos salen de la formación y lo siguen para apoyarlo y protegerlo.

Si nos mantenemos uno al lado del otro, apoyándonos y acompañándonos, si hacemos realidad el espíritu de equipo, si pese a las diferencias podemos conformar un grupo humano para afrontar todo tipo de situaciones, si entendemos el verdadero valor de la AMISTAD, si somos conscientes del sentimiento de COMPARTIR, la vida será más simple y el vuelo de los años más placentero y útil.

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En este cuento podemos aprender que si queremos conseguir algo lo podemos conseguir, sólo nos hace falta buscar el punto de motivación que necesitamos para poner en práctica todo lo que sabemos y que llevamos dentro.

EL CALENTADOR DE ASIENTO

Un muchacho vivía solo con su padre; ambos tenían una relación extraordinaria y muy especial. El joven pertenecía al equipo de fútbol de su colegio, pero normalmente no tenía la oportunidad de jugar; bueno, casi nunca. Sin embargo, su padre permanecía siempre en las gradas haciéndole compañía.

El joven era el más bajo de su clase; cuando comenzó secundaria, insistió en participar en el equipo de fútbol del colegio; su padre siempre le daba orientación y le explicaba claramente que «él no tenía que jugar fútbol, si no lo deseaba en realidad».

Pero el joven amaba el fútbol, no faltaba a un entrenamiento ni a un partido, estaba decidido en dar lo mejor de sí, se sentía felizmente comprometido.

Durante su vida de secundaria, lo recordaron como el «calentador de banco» debido a que siempre permanecía sentado.

Su padre, con su espíritu de luchador, siempre estaba en las gradas dándole compañía, palabras de aliento y el mejor apoyo que hijo alguno podría esperar.

Cuando comenzó la universidad, intentó entrar al equipo de fútbol; todos estaban seguros que no lo lograría, pero a todos venció y entró en el equipo. El entrenador le dio la noticia, admitiendo que lo había aceptado por cómo demostraba entregar su corazón y su alma en cada uno de los entrenamientos y, al mismo tiempo, les daba a los demás miembros del equipo el entusiasmo perfecto.

La noticia llenó por completo su corazón; corrió al teléfono más cercano y llamó a su padre, quien compartió con él la emoción. Le enviaba, todas las temporadas, las entradas para que asistiera a los partidos de la universidad.

El joven era muy persistente: nunca faltó a un entrenamiento ni a un partido durante los cuatro años de la universidad, y nunca tuvo la oportunidad de participar en algún partido.

Era el final de la temporada, y justo unos minutos antes de que comenzara el partido recibió un telegrama. El joven lo tomó y luego de leerlo, lo guardó en silencio; temblando, le dijo al entrenador:

—¿Mi padre murió esta mañana! ¿No hay problema de que falte al partido hoy?

El entrenador le abrazó, y le dijo:

—¿Toma el resto de la semana libre, hijo! Y no se te ocurra venir el sábado.

Llegó el sábado y el partido no estaba muy bien; en el tercer cuarto, cuando el equipo tenía diez puntos de desventaja, el joven entró al vestuario y, calladamente, se colocó el uniforme y corrió hacia donde estaba el entrenador y su equipo, quienes estaban

impresionados de ver a su luchador compañero de regreso.

—Entrenador, por favor, permítame jugar… [Yo tengo que jugar hoy! —imploró el joven.

El entrenador pretendía no escucharle; de ninguna manera él podía permitir que su peor jugador entrara en el cierre de las eliminatorias. Pero el joven insistió tanto, que finalmente el entrenador, sintiendo lástima, lo aceptó:

—¿O.K., hijo, puedes entrar! El campo es todo tuyo.

Minutos después, el entrenador, el equipo y el público no podían creer lo que estaban viendo. El pequeño desconocido, que nunca había participado en un partido, estaba haciendo todo perfectamente brillante; nadie podía detenerlo en el campo, corría fácilmente como toda una estrella.

Su equipo comenzó a ganar puntos, hasta que empataron el partido. En los últimos segundos de cierre, el muchacho interceptó un pase y corrió todo el campo hasta ganar con un touch down.

La gente que estaba en las gradas gritaba emocionada, y su equipo lo llevaba a hombros por todo el campo. Finalmente, cuando todo terminó, el entrenador observó que el joven estaba sentado calladamente y solo en una esquina, se acercó y le dijo:

—Muchacho, no puedo creerlo; estuviste fantástico! Dime, ¿cómo lo lograste?

El joven miró al entrenador, y le dijo:

—Usted sabe que mi padre murió… Pero ¿sabía que mi padre era ciego? —el joven hizo una pausa y trató de sonreír—.

Mi padre asistía a todos mis partidos, pero hoy era la primera vez que él podría verme jugar… y yo quise mostrarle que sí podía hacerlo!

AUTOR DESCONOCIDO

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Equipo en la selva

Cuentan que en cierta ocasión el león –rey de la selva- se encontraba muy preocupado por la cantidad de cazadores que perseguían a las fieras y decidió formar un ejército con el cual pudieran defenderse. Para ello salió a reclutar animales. Al primero que encontró a su paso fue al enorme y pesado elefante.

 

“Buenos días, rey de la selva” –saludó cordialmente el mastodonte.

“Buenos días, mi querido elefante, ¿quieres formar parte de mi ejército?” –preguntó el león.

“Por supuesto, majestad, con mucho gusto”.

“Como eres fuerte, tú serás nuestra mayor defensa.”

Los dos caminaron juntos en busca de nuevos reclutas. No tardaron en encontrarse con un lobo, quien se inclinó y saludó respetuosamente.

“Buenos días, majestad.”

“Muy buenos días, lobo feroz. Estoy reuniendo un ejército de valientes para defendernos de los cazadores. ¿Te unirías a nosotros?”

El elefante miró al león y preguntó:

“¿Para qué te servirá un animal tan pequeño comparado conmigo?”

El rey de la selva, sin hacer caso a las alusiones del paquidermo, se dirigió de nuevo al lobo y le dijo:

“Tú podrías ser un soldado muy fiero.”

El lobo aceptó y los tres buscaron nuevos reclutas. Dieron entonces con un mono chillón y el león lo invitó también a formar parte de sus huestes.

“¿Para qué lo quieres? –preguntó el lobo- no creo que sirva para nada.”

“Siempre será útil distraer al enemigo –sentenció el león- y agregó: nadie mejor que él para esa función.”

Caminaron los cuatro y el león ya sentía que su ejército se formaba. De pronto, apareció ante ellos una liebre asustadiza y un pobre burro que apenas podía caminar.

El fornido elefante y el lobo feroz se miraron, extrañados de que el león se digiera a esos animales. El mono chillón se burlaba.

“No querrás reclutarlos, ¿verdad?” –se preguntaron al mismo tiempo.

“¡Claro que quiero reclutarlos!” –rugió el león.

“¿Para qué? –preguntó el lobo- No te das cuenta que la liebre es un animal siempre asustado, que huye con rapidez hasta su madriguera.”

“Y este pobre burro está tan viejo que ya no tiene fuerzas ni para cargar con su propio peso” –sentenciaba el elefante.

“¡Estos dos si que no nos ayudarán en nada! –dijo el mono.

Pero el león los reclutó. El día de la batalla, el burro, sentado en un punto de avanzada, rebuznó fuerte y alertó a todos de la proximidad del enemigo. La liebre, aprovechando su rapidez, llevó mensajes de uno a otro. El mono chillón distrajo a los cazadores brincando de un árbol a otro, gritando como sólo él podía hacerlo.

El elefante apareció como una tromba, con su majestuoso tamaño, resoplando y trompeteando amenazadoramente. Tras él aparecieron por un lado, el lobo con el lomo erizado y los colmillos amenazantes; por el otro, el mismísimo león, rugiendo y sacudiendo su melena.

Ante tal despliegue, los aterrorizados cazadores no tuvieron otra opción que huir, abandonaron sus armas y juraron no regresar jamás por aquella selva.

Reflexión: Podemos aprovechar las cualidades y puntos fuertes de los demás y utilizarlos para conseguir un objetivo común.

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OBSTÁCULOS

Voy andando por un sendero.

Dejo que mis pies me lleven.

Mis ojos se posan en los árboles, en los pájaros, en las piedras. En el horizonte se recorte la silueta de una ciudad. Agudizo la mirada para distinguirla bien. Siento que la ciudad me atrae.

Sin saber cómo, me doy cuenta de que en esta ciudad puedo encontrar todo lo que deseo. Todas mis metas, mis objetivos y mis logros. Mis ambiciones y mis sueños están en esta ciudad. Lo que quiero conseguir, lo que necesito, lo que más me gustaría ser, aquello a lo cual aspiro, o que intento, por lo que trabajo, lo que siempre ambicioné, aquello que sería el mayor de mis éxitos.

Me imagino que todo eso está en esa ciudad. Sin dudar, empiezo a caminar hacia ella. A poco de andar, el sendero se hace cuesta arriba. Me canso un poco, pero no me importa.

Sigo. Diviso una sombra negra, más adelante, en el camino. Al acercarme, veo que una enorme zanja me impide mi paso. Temo… dudo.

Me enoja que mi meta no pueda conseguirse fácilmente. De todas maneras decido saltar la zanja. Retrocedo, tomo impulso y salto… Consigo pasarla. Me repongo y sigo caminando.

Unos metros más adelante, aparece otra zanja. Vuelvo a tomar carrera y también la salto. Corro hacia la ciudad: el camino parece despejado. Me sorprende un abismo que detiene mi camino. Me detengo. Imposible saltarlo

Veo que a un costado hay maderas, clavos y herramientas. Me doy cuenta de que está allí para construir un puente. Nunca he sido hábil con mis manos… Pienso en renunciar. Miro la meta que deseo… y resisto.

Empiezo a construir el puente. Pasan horas, o días, o meses. El puente está hecho. Emocionado, lo cruzo. Y al llegar al otro lado… descubro el muro. Un gigantesco muro frío y húmedo rodea la ciudad de mis sueños…

Me siento abatido… Busco la manera de esquivarlo. No hay caso. Debo escalarlo. La ciudad está tan cerca… No dejaré que el muro impida mi paso.

Me propongo trepar. Descanso unos minutos y tomo aire… De pronto veo, a un costado del camino un niño que me mira como si me conociera. Me sonríe con complicidad.

Me recuerda a mí mismo… cuando era niño.

Quizás por eso, me animo a expresar en voz alta mi queja: -¿Por qué tantos obstáculos entre mi objetivo y yo?

El niño se encoge de hombros y me contesta: ¿Por qué me lo preguntas a mí?

Los obstáculos no estaban antes de que tú llegaras… Los obstáculos los trajiste tú.

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La vaquita

Un maestro de sabiduría paseaba por un bosque con su fiel discípulo cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre y decidió visitar el lugar.

Durante la caminata le comentó al aprendiz la importancia de las visitas; también de conocer personas y de las oportunidades de aprendizaje que tenemos de estas experiencias.

Llegando al lugar, constataron la pobreza del sitio. Los habitantes –una pareja y tres hijos- tenían una humilde casa de madera, vestían ropas rasgadas y sucias y estaban descalzos.

El Maestro se aproximó al padre de familia y le preguntó:

“¿Cómo hacen usted y su familia para sobrevivir aquí? En este lugar no existen posibilidades de trabajo, ni puntos de comercio,…”

El señor calmadamente respondió:

“Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o la cambiamos por otros alimentos en la aldea vecina, y con la otra producimos queso, cuajada, etc. para nuestro consumo. Así es como vamos sobreviviendo”

El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento y luego se despidió y se fue.

En el medio del camino, volteó hacia su fiel discípulo y le ordenó:

“Busca la vaquita, llévala al precipicio de allí enfrente y empújala al barranco.”

El joven, espantado, miró al Maestro y le cuestionó sobre el hecho de que la vaquita era el único medio de subsistencia de aquella familia. Mas como percibió el silencio absoluto del Maestro, fue a cumplir la orden. Así que empujó la vaca por el precipicio y la vio morir.

Aquella escena quedó grabada en la memoria del joven durante años y nuca pudo sacarse un terrible cargo de conciencia por el crimen cometido a instancias del Maestro. Tanto impactó su espíritu que abandonó al Maestro y prosiguió solo su camino.

Años después, aquel joven debía pasar cerca de la casa y tomó la decisión de regresar al lugar, contar todo a la familia, obtener su perdón y, de ser posible, reparar el daño causado.

Así lo hizo y a medida que se aproximaba al sitio veía todo muy hermoso, árboles florecidos, una huerta arreglada, una bella casa, niños saludables y adecuadamente vestidos y calzados.

El joven se sintió más triste y desesperado aún, imaginando que aquella humilde familia hubiese tenido que vender el terreno para sobrevivir.

Aceleró el paso y cuando llegó a la casa fue recibido por un hombre agradable y tranquilo. El joven preguntó por la familia que vivió allí hacía unos cuantos años, pero el hombre le respondió que ellos vivían allí de toda la vida.

Sorprendido, el joven revisó los rostros y descubrió que, efectivamente, se trataba de la misma familia. Sólo atinó a preguntar:

“Yo pasé años atrás y éste era un lugar muy pobre… ¿cómo logró esta prosperidad?”

El hombre, entusiasmado, respondió:

“Años atrás teníamos una vaquita, pero no sabemos cómo, se cayó a un precipicio y murió. Al principio creíamos que sería nuestra ruina.

Sin embargo, obligados por las circunstancias, debimos desarrollar otras habilidades y esfuerzos que ignorábamos que fuésemos capaces de lograr. Así alcanzamos el éxito que ve ahora…”

REFLEXION

La rutina no nos deja ver nuestras fortalezas ni desarrollar otras habilidades. A veces tiene que suceder algo para que podamos lanzarnos al vacio y descubrir que somos capaces de llevar a cabo cometidos que no podíamos imaginar.

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La felicidad, poema de Amado Nervo

¿Qué es para vosotros la felicidad?

Para cada uno de vosotros será una cosa diferente. Os invito a que hagáis esta reflexión, a que os preguntéis ¿qué es la felicidad?, ¿cómo seríais más felices? y que veáis que cosas queréis hacer para cambiar y poderlo conseguir. Pensar en lo que está en vuestras manos, en lo que no depende de los demás, aquello sobre lo que podéis actuar.

Os acompaño este poema sobre la felicidad de Amado Nervo.

Un cielo azul de estrellas
brillando en la inmensidad;
un pájaro enamorado
cantando en el forestal;
por ambiente los aromas
del jardín y el azahar;
junto a nosotros el agua
brotando del manantial
nuestros corazones cerca,
nuestros labios mucho más,
tú levantándote al cielo
y yo siguiéndote allá,
ese es el amor mi vida,
¡Esa es la felicidad!…

Cruza con las mismas alas
los mundos de lo ideal;
apurar todos los goces,
y todo el bien apurar;
de lo sueños y la dicha
volver a la realidad,
despertando entre las flores
de un césped primaveral;
los dos mirándonos mucho,
los dos besándonos más,
ese es el amor, mi vida,
¡Esa es la felicidad…!

*****************************************************************************

El árbol confundido

En algún lugar que podría ser cualquier lugar, en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, había un hermoso jardín con naranjos, cocoteros y bellísimos rosales; todos felices y satisfechos. Todo era alegría en el jardín excepto por un árbol profundamente triste.

El pobre tenía un problema: no sabía quién era.

“Lo que te falta es concentración” –le decía el naranjo- si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas naranjas. ¿Ves que fácil es?”

“No lo escuches –exigía el rosal- es más sencillo tener rosas. ¿Ves que hermosas son?”

El árbol, desesperado, intentaba todo lo que le sugerían y, como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado.

Un día llegó al jardín un búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó:

“No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchos seres sobre la tierra.

Te daré la solución: no dediques tu vida a ser como los demás quieren que seas…Sé tú mismo, conócete y, para lograrlo, escucha tu voz interior.”

Dicho esto, el búho desapareció.

“¿Mi voz interior…? ¿Ser yo mismo…? ¿Conocerme? –se preguntaba el árbol desesperado, cuando de pronto comprendió…

Cerró los ojos y los oídos, abrió el corazón y por fin pudo escuchar su voz interior que le decía:

“Tú jamás darás naranjas porque no eres un naranjo, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble y tu destino es crecer alto, grande y majestuoso, dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje… Tienes una misión, ¡Cúmplela!”

Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado. Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Sólo entonces el jardín fue completamente feliz.

REFLEXION

¿Cuántos serán robles que no se permiten crecer a sí mismos? ¿Cuántos serán rosales que, por miedo al desafío, sólo dan espinas? ¿Cuántos serán naranjos que no saben florecer y fructificar?

¡Cuántas veces tratamos de ir por el mundo intentando ser lo que otros quieren que seamos, aun cuando esto signifique nuestra infelicidad!

Ten valor y carácter… busca en tu interior. Así sabrás hacia dónde dirigirte cuando no sepas quién eres.

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